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Septiembre 2004 El Retrato
editoriales
 

"Fotografiar es poner el ojo, el corazón y la lente en la misma línea expresiva".

Henri Cartier-Bresson.

Mientras subía Cristo al monte calvario, momentos antes de ser crucificado, su paso era lento, apenas podía sostener la pesada cruz de madera, iba exhausto, a su paso se le acercó una mujer llamada Verónica, piadosamente le cubrió el rostro sudoroso y ensangrentado con un paño limpio para enjuagárselo. Al retirarlo, la faz de Jesús había quedado impresa sobre el lienzo. La imagen coincidía exactamente con el modelo de su rostro, era un "vera icon", una imagen verdadera, de ahí el nombre de Verónica.

Este modelo de retrato prevaleció durante mucho tiempo, toda la época bizantina y la edad media, rostros presentados frontalmente, con los ojos abiertos, de formas planas sin volumen, casi como un retrato de filiación. Sin embargo no fue esta la primera imagen de Cristo; Abgar, rey de Edessa, envió a su pintor a Palestina para que hiciera un retrato de Jesús, estando frente a él, el artista quedó cegado por un resplandor proveniente de la cara de Jesús y le fue imposible llevar a cabo la encomienda. Cristo se compadeció de él y tomando la tela, apoyó su rostro plasmando su cara nítidamente en ella.

De tal manera que todo autorretrato consciente se refiere de una u otra forma, aún sin proponérselo al velo de Verónica, trata de plasmar en el medio la verdadera imagen o la verdadera evocación desde lo más interno del creador. Esta actitud tomada ante la creación de una imagen, como principio, la transporta a la elaboración de retratos de otros individuos, trata de reflejar la verdadera imagen de ellos, más no necesariamente un parecido físico, del modelo retratado.

Un retrato, alude invariablemente a un modelo humano ausente, su presencia real y verdadera, debe ser sentida en la imagen, como si la persona apareciese y se hubiera encarado ante el espectador. Su fachada debe ser fácil e inmediatamente identificables por aquellos que tienen conocimiento de él; su personalidad debe ser sentida por todos los que observan el retrato.

Un buen retrato es inconfundible, manifiesta los rasgos personales de un determinado individuo, lo cual no necesariamente quiere decir, que la imagen lograda deba parecerse al modelo retratado. La imagen debe, ante todo, evocarlo permitiéndole manifestarse a través de la obra, ante los sentidos del espectador, inclusive aún sin aparecer ninguna figura humana en la imagen, ya que aquellas cosas o espacios que son profundamente íntimas a un individuo lo evocan, lo representan y por tanto permiten conocer acerca de su personalidad y por consiguiente pueden formar un retrato de acuerdo con nuestra definición anterior.

Todo retrato consiste en una representación, por un lado tenemos la representación perfecta y directa como la fotografía de filiación donde no se deja ningún lugar a dudas sobre las características físicas del modelo, aunque bien puede decir muy poco acerca de la personalidad del mismo y menos aún del creador; en este caso, el individuo que se encuentra detrás de la cámara es completamente sustituible, inclusive por una máquina de instantáneas de las que se encuentran en los centros comerciales.

Por otro lado, la representación se haría mediante la suplantación del modelo, como en el cine o en las obras teatrales, y no es que el modelo esté imitando a un individuo o disfrazándose de algún personaje, por ejemplo Juana de Arco, Don Juan o Hamlet, sino que los representa y dependiendo de su maestría, el espectador sentirá o no la presencia de los personajes evocados.

Otra forma más contemporánea de representación a través del retrato, es la de retratar condiciones humanas, sentimientos, emociones, no a alguna persona en específico, el modelo como individuo pierde importancia, las formas humanas que vemos en la imagen no son ya más el retrato de juanito o de lupita, sino la significación de todo un conglomerado de seres vistos a través de la óptica del creador, entre más complicada la factura del retrato, más alejado se encuentra éste de la representación directa del modelo.

El retrato refleja tanto sobre el modelo como del artista, en la lectura que se le dé al retrato se puede percibir las características únicas del retratado como el sentimiento, conocimiento, punto de vista que tenga el autor acerca de él. El mismo personaje retratado por dos individuos completamente distintos en ideología, educación visual, nivel de cercanía con el modelo, tendrá por necesidad dos lecturas completamente distintas, en cada una de ellas podremos apreciar o no los elementos mencionados.

En el acto de retratar siempre existe una complicidad y acuerdo, entre el modelo y el creador, este acuerdo no es necesariamente de palabra o a través de un contrato, sino de consentimiento; el retratado se sabe observado, se sabe capturado y lo consciente, lo aprueba con su actitud y su mirada ante el retratista, el modelo no sabe como saldrá expuesto, no sabe que es lo que el creador está viendo, pero se lo permite, coopera con él, le muestra la imagen que quiere dar de sí mismo.

El retratista, por su parte selecciona al sujeto, el punto de vista, el acercamiento y el tratamiento, solicita el permiso, aunque no sea con palabras, sino con actitudes, como en el retrato callejero, transcribe en la obra la imagen personal que tiene del modelo o de sí mismo cuando efectúa autorretrato.

Cuando esta comunicación se da, es entonces cuando surge el retrato, no de la imagen robada con largos telefotos, sino del acercamiento humano y respetuoso, aún cuando no estemos de acuerdo con el modelo retratado, este se debe tratar con respeto.

resurreccion I
resurrección © I José Luis Quiroz

Ya sea que se trate de un encargo o que la obra surja de una necesidad expresiva, la imagen evoca el estado físico y sentimental del modelo, así como los sentimientos del autor. Por lo tanto, el resultado dice tanto sobre la idea que el modelo se hace de sí mismo, como sobre la perspectiva que el retratista tiene sobre él, salvo en el caso en que se esté retratando representaciones de sentimientos, condiciones humanas, en cuyo caso, el modelo es un actor de la idea del artista, restando protagonismo a su personalidad, para pasar a representar lo que el autor desea expresar a través de él, en este caso, por supuesto que también juega un papel importante la capacidad interpretativa del modelo.

El retratar, siempre es más fácil cuando se tiene claro el concepto de lo que se quiere expresar; lo demás, es una simple y correcta aplicación de los elementos técnicos que componen la foto. Lo importante, es la idea, la imagen, no la técnica ni el aparato, sino lo que se quiera expresar a través del retrato.

 
 

 


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